El mito de los bio-combustibles
Escrito: 03 abril 2007 | Categoría: Biocombustibles, Biomasa, Clima, Ecología, TransporteExtraido del Boletín CIEMAT:
Ante la escalada de los precios del petróleo a lo largo de esta década, asistimos a una promoción intensa del uso de los biocombustibles -combustibles obtenidos de las plantas- por parte de numerosos gobiernos. Según la Comisión Europea, las ventajas de dicha política son las siguientes: «diversificación del suministro de energía en Europa, incrementando la cuota de energía de fuentes renovables (y) reduciendo la dependencia de la energía importada»; «reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero»; y creación de empleo, «sobre todo en las zonas rurales». (...)
Los biocombustibles suponen ya más del 2% de los combustibles de automoción a escala mundial. La Unión Europea ha establecido el objetivo de que alcancen el 5,75% del total de los combustibles en 2010, el 8% en 2015 y el 10% en 2020. Estados Unidos pretende llegar al 10% para 2009.(...)
Utilizar alimentos para producir biocombustibles plantea un gran problema ético. Hay más de 800 millones de personas que pasan hambre, y más de 2.000 millones tienen una dieta pobre. Además, estamos abocados a una escasez mundial de alimentos debido al crecimiento de la población (...)
Además, la producción de biocombustibles está generando una fuerte escalada de los precios de alimentos como los cereales, la soja, la carne y el azúcar. (...) En septiembre, el coste del maíz en Estados Unidos se incrementó un 55%.
(...) Un reciente informe de la UE concluye que se necesitaría alrededor del 10% de la tierra cultivable de la UE-15 para alcanzar el citado porcentaje del 5,75%. La UE admite la limitación de tierra disponible y, por ello, la necesidad de grandes importaciones. (...)
La agricultura destinada a biocombustibles intensifica los impactos ambientales mucho más que la dedicada a alimentos: mayor erosión del suelo, contaminación del agua, pérdida de biodiversidad. Los cultivos transgénicos y los pesticidas utilizados son más dañinos que los destinados a alimentos. En los países menos desarrollados, sobre todo en Brasil, Malasia e Indonesia, se está intensificando el ritmo de quema de bosques para obtener más tierra para biocombustibles.(...) Además, se están produciendo expulsiones masivas de pequeños agricultores y de pueblos aborígenes por parte de los terratenientes. Está demostrado, de hecho, que la política de promoción de los cultivos para la exportación es uno de los factores más importantes de la extensión del hambre.
La agricultura industrial consume mucha energía en la producción de abonos y de pesticidas y en la fabricación y uso de maquinaria, así como en la obtención industrial de biocumbustibles, lo cual está dando lugar a un debate sobre el balance energético, con acento en los biocombustibles producidos en las zonas no tropicales. Los expertos han denunciado que el balance energético es negativo: se consume más energía de la que se crea.
(...) Pero, incluso en el caso de que los balances de los biocombustibles fueran moderadamente positivos, se lograría una mayor reducción de consumo de combustibles fósiles utilizando las subvenciones para primar la eficiencia energética. Hay consenso en que el balance energético de los cultivos en zonas tropicales es mucho mejor; pero en su caso, al quemar bosques se emite CO2 y desaparece la función captadora de CO2 de éstos, por lo que esta política se convierte en un importante factor del cambio climático.
(...) Se calcula que la producción mundial de biodiésel crecerá alrededor de un 15% al año.
Nos encontramos, por tanto, ante un nuevo caso en el que los países desarrollados aparecen como ecologistas a costa de provocar tremendos impactos ambientales y sociales en los países menos desarrollados. Los biocombustibles no son la alternativa, pero podrían constituir una aportación importante, aunque nunca decisiva, si se cumplieran por lo menos las premisas siguientes: ser producidos a partir de cultivos ecológicos; utilizar principalmente tierras marginales; y desarrollar tecnologías que, por un lado, mejoren mucho la eficiencia energética de los procesos de las biorrefinerías y, por otro, permitan la obtención de biocombustibles de forma rentable de la celulosa (lo cual permitiría utilizar toda la planta).